Yo no cejo en mi empeño...

... de procuraros alimento para el alma y los ojos, y esos oídos que han de permanecer abiertos a todo lo que escuchan, sin que nada pase de largo o desapercibido.
La imagen congelada tiene su razón de ser. Os propongo una lectura íntima, sosegada. ¿Qué tal "Las nanas de la cebolla" de Miguel Hernández? Seguimos con los clásicos, aunque, con toda probabilidad el autor os suene, espero que a música celestial.
Las "Nanas de la cebolla" fueron dedicadas por Miguel, a su hijo, a raíz de recibir una carta de su mujer (él se encontraba por aquel entonces en la cárcel), en la que le decía que no comían más que pan y cebolla.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar
cebolla y hambre...
A buen seguro que os gustaría seguir leyendo. En mi blog podréis encontrar otro pedacito de esta singular obra, maestra, por supuesto.

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